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Hay que preguntarse
de qué quiero ser salvo.
Y la Biblia nos lo muestra.
Cuando uno lee la
Biblia y la compara con nuestra propia vida, podemos darnos cuenta que
hemos pecado una y otra vez.
Hay un precio que
pagar por el pecado. Esto es irremediable, y por mucho que yo hiciera, todo
estaría manchado por el pecado, así, cavaría más hondo mi camino hacia el infierno. Por lo tanto, buenas obras no nos sirven
para nada. El mínimo pecado, es suficiente para ser arrojados en el infierno.
Pero la Biblia dice
que confiemos en el Señor Jesucristo, para ser salvados del infierno. Pero, cómo podemos creer en el Señor Jesucristo, si creer es un Don de Dios?
Sólo
tengo que ver mi situación,
y clamo a Dios, porque necesito creer en el Señor Jesucristo, porque no quiero ir al infierno.
La Biblia indica
que si clamamos a Él, ciertamente le
hallaremos. De ese modo, obtenemos la fe en el Señor Jesucristo, para ser salvos.
Recordemos que, no
hay nada que podemos hacer para salvarnos, como un cadáver que no
puede hacer nada para volver a vivir.
Cuando la Biblia
dice que debemos nacer de "agua", se refiere a la Palabra de
Dios, mientras ésta se aplica a nuestras vidas. Palabra, también se
identifica con Cristo, pues es Él quien nos salva.
Cuando la Biblia
dice que debemos nacer del "Espíritu",
se refiere al Espíritu Santo, que aplica a nuestras vidas la Palabra de Dios, y nos identifica con
la muerte de Cristo.
Todo esto lo hace
Dios, nosotros no podemos hacer nada, sin embargo, podemos expresar a Dios
nuestro deseo de ser salvados. Diremos: "Oh Dios, ten piedad de mi que soy pecador", es decir reconocemos que
somos incapaces de hacer algo bueno delante de Él,
somos una masa inmunda que no vale la pena salvarnos, porque no hay nada
bueno en nosotros. Sin embargo, si clamamos a Dios y le rogamos por Su
misericordia, es posible que nos salve, siempre y cuando así esté planeado por Dios
desde antes de la creación del mundo.
Así,
nos abandonamos a Dios completamente y le damos a conocer que nos hemos
dado cuenta de nuestra horrible situación, que
vamos camino al infierno, y le rogamos a Dios que no podemos salvarnos pues
estamos muertos.
Ahora nosotros
sabremos que estamos en el camino de la salvación, cuando
nos apartamos del pecado y paulatinamente sentimos un total rechazo hacia el. Poco a poco sentiremos un ardiente deseo en nuestro
ser de hacer la voluntad de Dios y vivir completamente conforme a la
Biblia.
En conclusión,
nosotros no podemos colaborar ni siquiera un poquito en nuestra salvación,
todo lo que sabemos es que vamos directo al infierno, si Dios no hace su intervención
en nosotros. Como no queremos ir al infierno, lo único que podemos hacer es implorarle a Dios
por Su misericordia, a fin de que nos salve del terrible estado en que nos
encontramos. Aún esta acción,
de rogarle a Dios es algo que Dios provoca en Sus elegidos, por lo tanto no
merecemos ningún crédito por ello.
La salvación,
en una palabra, corre totalmente por cuenta de Dios, de principio a fin.
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